Hay pocas piezas de diseño tan exigentes como la portada de un periódico. Decenas de historias compitiendo por la mirada y, aun así, un orden: el titular que manda, el raíl que acompaña, el cintillo que clasifica sin estorbar. Todo cabe; nada grita.
La herramienta es vieja y sigue siendo la mejor: una retícula, una serif con autoridad, una sola tinta de acento y mucho aire. La jerarquía no se consigue añadiendo —negritas, colores, cajas—, sino quitando hasta que solo queda lo que importa.
Es el mismo principio que defendemos para los sistemas: el gusto está en lo que decides dejar fuera. No se delega.
Fuentes
Pieza del Instituto; sin fuente externa.
A seguir
Redactado con ayuda de IA, contrastado contra su fuente y firmado por Joan Arbó.